La historia de la aparición
empieza cuando Bernardita, quien nació el 7 de enero de
1844, salió, junto a dos amigas, en búsqueda de
leña en la Roca de Masabielle. Para ello, tenía
que atravesar un pequeño río, pero como Bernardita
sufría de asma, no podía meter los pies en agua
fría, y las aguas de aquel riachuelo estaban muy heladas.
Por eso ella se quedó a un lado del río, mientras
las dos compañeras iban a buscar la leña.
Fue en ese momento, que Bernardita experimenta el encuentro con
Nuestra Madre, experiencia que sellaría toda su vida, “sentí
como un fuerte viento que me obligó a levantar la cabeza.
Volví a mirar y vi que las ramas de espinas que rodeaban
la gruta de la roca de Masabielle se estaban moviendo. En ese
momento apareció en la gruta una bellísima Señora,
tan hermosa, que cuando se le ha visto una vez, uno querría
morirse con tal de lograr volverla a ver”.
“Ella venía toda vestida de blanco, con un cinturón
azul, un rosario entre sus dedos y una rosa dorada en cada pie.
Me saludó inclinando la cabeza. Yo, creyendo que estaba
soñando, me restregué los ojos; pero levantando
la vista vi de nuevo a la hermosa Señora que me sonreía
y me hacía señas de que me acercara. Pero yo no
me atrevía. No es que tuviera miedo, porque cuando uno
tiene miedo huye, y yo me hubiera quedado allí mirándola
toda la vida. Entonces se me ocurrió rezar y saqué
el rosario. Me arrodillé. Vi que la Señora se santiguaba
al mismo tiempo que yo lo hacía. Mientras iba pasando las
cuentas de la camándula Ella escuchaba las Avemarías
sin decir nada, pero pasando también por sus manos las
cuentas del rosario. Y cuando yo decía el Gloria al Padre,
Ella lo decía también, inclinando un poco la cabeza.
Terminando el rosario, me sonrió otra vez y retrocediendo
hacia las sombras de la gruta, desapareció”.
A los pocos día, la Virgen vuelve a aparecer ante Bernardita
en la misma gruta. Sin embargo, al enterarse su madre se disgustó
mucho creyendo que su hija estaba inventando cuentos –aunque
la verdad es que Bernardita no decía mentiras–, al
mismo tiempo algunos pensaban que se trataba de un alma del purgatorio,
y a Bernardita le fue prohibido volver a la roca y a la gruta
de Masabielle.
A pesar de la prohibición, muchos amigos de Bernardita
le pedía que vuelva a la gruta; ante ello, su mamá
le dijo que consultara con su padre. El señor Soubiruos,
después de pensar y dudar, le permitió volver el
18 de febrero.
Esta vez, Bernardita fue acompañada por varias personas,
que con rosarios y agua bendita esperaban aclarar y confirmar
lo narrado. Al llegar todos los presentes comenzaron a rezar el
rosario; es en ese momento que Nuestra Madre se aparece por tercera
vez. Bernardita narra así esta aparición: “Cuando
estábamos rezando el tercer misterio, la misma Señora
vestida de blanco se hizo presente como la vez anterior. Yo exclamé:
‘Ahí está’. Pero los demás no
la veían. Entonces una vecina me acercó el agua
bendita y yo lancé unas gotas de dicha agua hacia la visión.
La Señora se sonrió e hizo la señal de la
cruz. Yo le dije: ‘Si vienes de parte de Dios, acércate’.
Ella dio un paso hacia delante”.
Luego, la Virgen le dijo a Bernadette: “Ven aquí
durante quince días seguidos”. La niña le
prometió hacerlo y la Señora le expresó “Yo
te prometo que serás muy feliz, no en este mundo, sino
en el otro”.
Luego de este intenso momento que cubrió a todos los presentes,
la noticia de las apariciones se corrió por toda el pueblo,
y muchos acudían a la gruta creyendo en el suceso, aunque
otros se burlaban.
Entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858 hubo 18 apariciones.
Éstas se caracterizaron por la sobriedad de las palabras
de la Virgen, y por la aparición de una fuente de agua
que brotó inesperadamente junto al lugar de las apariciones
y que desde entonces es un lugar de referencia de innumerables
milagros constatados por hombres de ciencia.
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