La Virgen se comunicó
con un nativo llamado Juan Diego a quien le hablaba en su lengua,
el náhualtl. Se presentó ante él como "la
que aplasta la serpiente" de manera que tanto los nativos
como los españoles pudieran entender su mensaje.
La Virgen dió a Juan Diego un trato de nobleza, alzando
la condición de su pueblo. El Señor "derriba
del trono a los poderosos y enaltece a los humildes". Al
mismo tiempo, La Virgen trajo reconciliación y no división
entre los nativos y los españoles. Les ayudó a ambos
a comprender que la fe cristiana no es propiedad de nadie sino
un don de amor para todos.
Por todo esto la Virgen de Guadalupe se transformó en
la patrona de México y Emperatriz de las Américas.
Descripción de la Imagen
La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe quedó
impresa en un tosco tejido hecho con fibras de maguey. Se trata
del ayate, usado por los indios para acarrear cosas y no de una
tilma, que usualmente era de tejido más fino de algodón.
La imagen no tiene pinceladas. La técnica empleada es
desconocida en la historia de la pintura. Es incomprensible e
irrepetible.
El rostro impreso en el ayate es el de una joven mestiza; una
anticipación, pues en aquel momento todavía no habían
mestizos de esa edad en México.
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